PUEBLO DEL OLVIDO

Para Luis, su clásico era su vida. Por eso, el filtro de aceite original que le faltaba era mucho más que un filtro de aceite. Luis caminaba la vida con esa piedrita en el zapato.
Puso avisos en todos los diarios del mundo. Se lo pidió a los panaderos, a las vaquitas de San Antonio y al primo que viajaba mucho. Pero el filtro de aceite original no aparecía.
Un buen día, Luis se cruzó con un un exiliado del Pueblo del olvido que le dijo "¿por qué no hace un último intento en la tienda de mi pueblo, allí todo se consigue".
Cegado por su fanatismo Luis partió hacia aquel extraño pueblo donde se borraban los recuerdos a cada paso que se daba. Y caminando por sus calles, mientras imaginaba qué bueno sería tener una novia que no reclame el olvido del aniversario, se iba borrando de su memoria el motivo que lo había llevado hasta allí.
Nunca sabremos si fue por casualidad o por fanatismo, la cuestión es que Luis dio con la bendita tienda, y finalmente con el bendito filtro de aceite. En ese momento tan esperado se preguntó "¿qué hace este filtro de aceite en mis manos?". Después de todo, qué sería de un clásico si no existiera esa única pieza original que conseguir.

¿Cuál será su ilusión?
ANGUSTIA

Pasos, silencio, pasos, silencio, pasos.
Mirada, piso.
Murmullo, palabras, lágrimas, llanto, ruego.
Abrazo, negación.
Recuerdos, impotencia.
Minutos, incoherencia.
Tren.
Ruego, tren. Llanto, tren. Lágrimas, tren. Palabras, tren. Murmullo, tren.

Soledad.
Tanta piel que no,
y la que sí, no.

Ya demasiado cansada. Nada tiene gusto y lo poco que hay me pega y duele tanto que no quiero quedarme. Y ese amor ya no tiene forma ni en sueños. Y cómo hacer para mantener el brillo de los ojos. Desesperadamente busco algo que me haga lindo. Y hoy sólo puedo recuperar la sonrisa yéndote a buscar. Vos que tantas veces me hiciste olvidar. Que sos el único que siempre puede estar conmigo. Descubro que devolverte algo es lo único que puede hacerme sonreir. Dicen que es difícil llegar. Pero hablando de vos nada suena a demasiado. Los jazmines los compro por Corrientes, justo donde alguna vez los recibiste de la mano de alguien que, como hoy yo, te necesitaba.
Bonjour, je cherche la tombe de…él sonrió. Venez avec moi dijo. Te dejé el jazmín y feliz, como cuando alcanzás la piedrita que está en el cielo, volví.